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Malvinas y el "Código de honor"
FERNANDO CANGIANO *
Hace algún tiempo se estrenó en la argentina el film "Código de Honor" del actor y realizador
 norteamericano Clint Eastwood. De un modo general, la película trata sobre la construcción de
 un mito patriótico en torno a una fotografía difundida mundialmente, que exhibe el instante en el 
que un grupo de soldados norteamericanos plantan una bandera en la cima de una colina de la 
isla de Iwo Jima, escenario de una de las más importantes batallas de la II Guerra Mundial.
El film muestra el "raid patriótico" que tres soldados realizaron por territorio norteamericano bajo la 
presión del gobierno del país, interesado en movilizar el espíritu guerrerista de la población con el 
propósito de lograr la aprobación de más presupuesto para la guerra.
Lo interesante del caso es que las circunstancias en que la foto en cuestión fue captada apenas 
guardaba relación con los sentimientos que esa misma foto evocaba. En efecto, la instantánea 
era fruto de un montaje, fue tomada cuando la batalla ya había concluido, sin riesgos visibles en 
el lugar. Por lo demás, uno de los soldados que luego recorrió el país promocionando la foto y 
participando en actos patrióticos, ni siquiera estaba presente en ella.
La foto era de importancia crucial para crear una imagen mítica pues ese mito permitiría darle 
forma a un discurso patriótico funcional a los objetivos del poder dominante, lanzado 
a una guerra contra el rival japonés por el control del Pacífico y la supremacía 
sobre un inmenso espacio geográfico.
Como ha afirmado la filosofía, la antropología y otras ciencias sociales, un mito no es una verdad 
ni una falsedad en sentido estricto pues los mitos buscan, por encima de la mayor o menor 
distorsión 
de los hechos que relatan, construir significaciones y evocar sentidos que inauguren discursos 
socialmente aceptados. La clave del mito no es que sea o no cierto, lo principal es su utilidad 
respecto a la
construcción de un orden simbólico que permanecerá inscripto en la representación social de 
una comunidad frente a un hecho histórico. El mito marca un punto de partida para asignarle 
significado a fenómenos sociales. Su fuerza como instancia interpretativa será irreductible.
El pasado de los pueblos está plagado de mitología. Pensemos en los relatos que inundan 
nuestra historia: el cruce de los Andes, el Sargento Cabral, el maestro Sarmiento, doña Paula 
Albarracín, etc. 
La historia de cualquier país posee relatos similares. El mito otorga una fuerza 
indestructible a una causa o a un determinado ordenamiento político y social que él 
mismo inaugura. Edifica un 
paradigma desde el cual es posible leer la realidad. ¿Por qué razón, si no, los enemigos de la 
revolución cubana, para tomar un ejemplo reciente, intentan denodadamente destruir el mito 
sobre las figuras de Fidel Castro, el Che Guevara y aquellos "jóvenes idealistas" que liberaron 
la isla del dominio yanqui?. En el terreno simbólico de la mitología se expresan y se despliegan, 
en sus propios códigos, los antagonismos políticos que corroen a una determinada formación 
social en un momento histórico.
En este punto cobra significado la mitología sobre las Malvinas que hace alusión al 
comportamiento de los oficiales, suboficiales y soldados combatientes. 
Desde el fin de la guerra se ha pretendido, 
no sin éxito, urdir una trama discursiva en torno a un supuesto sadismo enfermizo 
de los oficiales y suboficiales argentinos, en contraposición con la pueril ingenuidad e 
impotencia de los soldados 
conscriptos, a quienes se calificó piadosamente de "chicos de la guerra".
Esta matriz discursiva monopolizó, en forma casi excluyente, las historias sobre Malvinas, 
alimentadas por incontables libros, films, testimonios y toda clase de negocios editoriales 
profusamente difundidos en el país y en el exterior.
¿Cuál ha sido la finalidad de construir el mito del "soldado maltratado" y "el oficial malvado", 
del "chico hambriento e inerme" y el "milico desalmado", como representación simbólica de los 
hechos de Malvinas, a pesar de que nadie pone en tela de juicio los derechos soberanos de la 
Argentina sobre el Atlántico Sur?. 
Lo notable de esta mitología es que logró imponerse en la representación social sobre 
Malvinas, a pesar de su grosera y vulgar falsedad, de la infantil deformación de los hechos 
(un caso extremo de falsificación es el libro, luego llevado al cine, "Iluminados por el Fuego") 
y del perverso ocultamiento de la verdad histórica. La desmalvinización, de la que tanto 
hemos hablado los ex combatientes, se adjudicó una inapelable victoria en el campo del 
discurso socialmente aceptado. Esa victoria fue, quizás, más importante para los 
intereses británicos que la propia recuperación militar de las islas pues 
desarmó espiritualmente a nuestro país y debilitó 
cualquier respuesta política, económica o cultural contra la ocupación.
Es imposible no ver la mano de los dispositivos propagandísticos de acción psicológica de un 
conglomerado de intereses locales y foráneos lanzados a sepultar el espíritu de patriotismo y 
solidaridad latinoamericana que emergió por encima de la dictadura militar 
oligárquica de Galtieri, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.
Es inevitable efectuar un paralelismo entre la utilización de la bandera en el monte de Iwo Jima 
como coartada para exacerbar el sentimiento belicista de la sociedad norteamericana, cuyas 
clases dominantes enviaron a los jóvenes a desangrarse a miles de kilómetros de su territorio 
en una guerra atroz entre grandes potencias por la hegemonía mundial, y el empleo 
de penosas  imágenes y relatos de soldados argentinos destinados a infundir derrotismo 
e impugnar la lucha histórica por recuperar la tierra usurpada por el colonialismo 
británico y su socio yanqui.
Pocas veces fue tan evidente cómo el poder imperialista opera no sólo a través del fuego de 
las armas, aunque no vacila en recurrir a ellas toda vez que es necesario, como lo testimonió 
Malvinas. También lo hace mediante la manipulación cínica de nobles valores humanitarios 
y la creación de mitos cuando ellos les son funcionales a sus intereses concretos.
La mejor reivindicación que podemos hacer a la memoria de nuestros héroes muertos en 
Malvinas es sacarlos del rol infantil en el que los ha colocado la maligna propaganda difundida
 por sus propios asesinos imperialistas, y situarlos en el panteón de los hombres valientes 
caídos en defensa de la soberanía nacional y la lucha histórica contra los grandes 
poderes de la tierra.
Nota:
[*] Ex soldado combatiente de Malvinas. DNI 14.189.366 

 

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