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MALVINAS, UNA REFLEXIÓN PENDIENTE

29/10/04

A veinte años del conflicto de Malvinas, se acumularon atropelladamente reflexiones sobre este hecho histórico inconcluso. Los argentinos no disponemos de adecuados ámbitos para el diálogo y estudio. Falta un centro de documentación y biblioteca especializada para los investigadores reunidos allí ordenado material local y extranjero, en particular británico.

Esta tarea de revisión del pasado se hace cada vez más complicada y pesada, embarullándose con equívocos y controversias que llegan hasta el disparate del rumor y la confusión síquica y colectiva. Esa es la materia pendiente que oficial y popularmente se plantean cada día con mayor intensidad en Francia (por la derrota en Argelia) y en Estados Unidos (por Vietnam). Son heridas que siguen sangrando por falta de un sinceramiento constructivo y estrategias.

En el caso de Malvinas, ya es tiempo de abrir todos los archivos diplomáticos, económicos y militares. Tenemos que asumir la pura verdad y, conscientes que nos asiste una razón profunda y compartida, y a pesar de la pérdida de una batalla, buscar soluciones pacíficas interrumpidamente. El colonialismo está en retroceso. En Gibraltar, a más de tres siglos de perder el peñón, España (que es parte de su territorio y no una isla, siendo la única colonia en Europa), el gobierno británico comienza a admitir que no es fundamental el consentimiento de los habitantes de esa posesión. Así negocia con Madrid una solución de soberanía temporaria compartida. Es un tema que se plantea hoy y debe seguirse atentamente.

Gran Bretaña con su experiencia de siglos, los llevó a sostener infinidad de guerras y lograr el mayor imperio de la historia, haciéndolo cuando disponía de solo poco más de 10 millones de habitantes. El secreto de esos avances no fueron solo militares sino esencialmente la diabólica y pérfida aplicación de políticas efectivas a sus fines expansionistas.

El sentido de guerra total y vale todo, más el manejo de las comunicaciones fue la constante. Todo ello sin contar con los pueblos, que no son colonialistas, pues este ha sido siempre el negocio monopólico de minorías privilegiadas, lo que hoy podemos llamar multinacionales.

Como hicieron griegos y romanos, entre otros, los ingleses conformaron grandes ejércitos de súbditos pobres para conquistar y vigilar otras colonias y usarlos como carne de cañón. Los últimos ejemplos se vieron en las dos guerras mundiales pasadas. Ahora, las potencias colonialistas deben usar a sus propios habitantes o recurrir a costosos y siempre sádicos mercenarios.

Los anglosajones no fueron grandes descubridores de nuevos mundos. Esa tarea la dejaron en manos de los latinos. Ellos se dedicaron al dominio de los mares, primero como piratas y luego, sin perder contundencia, por la fuerza real de sus escuadras. Tomando a cañonazos puertos estratégicos, y fortificándolos, podían dominar enormes territorios, como fueron los casos de India, China y la Península Arábica, entre otros ejemplos.

Es muy repetido y cierto aquello de que cuando un inglés introducía un dado en el agua decía: Si es salada es nuestra. Cuando descubrían riquezas y debían transportarla, el Reino se beneficiaba como parte importante sin apostar otra cosa que el mar.

Si nuestra Argentina hubiera usado en 1982 las armas diplomáticas y económicas de que disponía, creo haberlo mostrador documentadamente, contaríamos otra historia.

Algo digno de recalcarse. Durante el conflicto de Malvinas que viví en Londres, en ningún momento el pueblo británico se manifestó en las calles contra Argentina. Sin embargo, casi cotidianamente salían en multitudes contra la guerra, las armas atómicas y el colonialismo, personalizando en este último punto los derechos de Argentina, a pesar de no admirar precisamente a sus autoridades de facto. Si bien los gobierno europeos y de otros países, oculta o abiertamente se expresaban a favor de Gran Bretaña, ninguno de sus pueblos se adhirió masivamente, sino todo lo contrario. Cuando el entonces presidente Ronald Reagan visitó varios países de Europa, incluida Inglaterra, en ningún lugar pudo mostrarse en público, siendo objeto de manifestaciones de repudio, precisamente por ser el sostén del Reino Unido. Las banderas argentinas ondeaban por todas partes y otras británicas eran quemadas, eso no le había ocurrido hasta entonces a ningún mandatario norteamericano.

Una mano negra esta activa en Argentina para desmalvinizar las conciencias y los medios parecen haber perdido en sus archivos los testimonios de los sacrificios criollos en esa parte incuestionable de nuestro país. Cuando tantos han muerto en combate por la Patria, quienes protagonizaron la etapa heroica de combatir al invasor, los veteranos han percibido ciertos reconocimientos materiales. Pero eso no basta. Ellos, los familiares de los caídos, la ciudadanía y en especial los niños que quieren saber la verdad de los hechos e interrogan porqué, si las Malvinas son argentinas, siguen en manos de una potencia tradicionalmente colonialista. Ante ellos, todos debemos dar la cara y mostrar una efectiva vocación de recuperarlas sin permitir que la sangre vertida y los derechos desoídos, tengan una respuesta cotidiana.

Estamos a tiempo de revertir situaciones utilizando amplia información y memoria para recuperar, con serenos análisis políticos, esa parte del territorio nacional, donde las tumbas de tantos muchachos criollos, desde el Gaucho Rivero hasta hoy, esperan ser cobijados bajo su propia bandera.

ENRIQUE OLIVA

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