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"MALVINAS ES UNA ALTA PRIORIDAD PARA ARGENTINA, PERO NO PARA LOS INGLESES"  

María Laura Avignolo LONDRES. CORRESPONSAL

mlavignolo@clarin.com

 Las relaciones políticas anglo-argentinas oscilaron de la "mansedumbre" menemista al actual estado de cloroformo, víctimas del conflicto en Irak, de la conversión del primer ministro Tony Blair en "un señor de la guerra" y de las otras prioridades británicas en su lucha contra el terrorismo. Hasta América latina desapareció de la agenda del Foreign Office, salvo Brasil y Chile, bajo el ultimo período del Nuevo Laborismo.

 Al cumplirse 12 años del mandato de Tony Blair, antes de su renuncia al cargo el 27 de junio, y a 25 años de la guerra de Malvinas, el embajador argentino en Londres, Federico Mirré, hizo un balance del vínculo bilateral y develó qué es lo que Argentina debe esperar bajo el gobierno del reemplazante de Blair, el escocés y presbiteriano Gordon Brown.

 Mirré recuerda el primer encuentro de Néstor Kirchner con Blair en Londres en el 2003, cuando, un minuto después de conocerse, el Presidente intimó al primer ministro a buscar una solución a Malvinas. Una buena decisión para el embajador y un gran error para los que conocen a Blair, a quien Malvinas incomoda (ver Kirchner y Blair...).

 —Cuál es el balance de las relaciones argentino-británicas durante los doce años de Blair?

 —El lugar que ocupa Argentina en la política exterior británica es relativo. Las prioridades en Gran Bretaña no sólo están lejos de nuestro país sino de nuestra región. Sus prioridades son la alianza atlántica, su relación con Europa, con el Commonwealth, con las potencias emergentes como China e India, después su vínculo con Rusia, luego su relación privilegiada con Asia por su responsabilidad colonial. Y después, después, después, Latinoamérica y la Argentina.

 —Los primeros años de Blair parecieron más cercanos a Argentina que los últimos años.

 —Es verdad. Es una impresión. En realidad se vincula más a que Blair era más laborista antes que ahora. Esto encontraba un diafragma de posibilidades de trabajo político en la Argentina , afín con lo que era el país en el comienzo de la crisis. Una Argentina que encontraba más reverberación en lo que Blair presentaba como su evangelio de lo que hubiera representado Margareth Thatcher o su recuerdo.

 —Kirchner fue invitado especialmente a Londres.

 —Tuve el privilegio de asistir a un fragmento del diálogo entre el Presidente y el primer ministro. Mi impresión es que las expectativas de uno y otro lado estaban cifradas, por el lado británico, en que Argentina continuase una línea de confianza en su gobierno, basada en esa presunta coincidencia de fines progresistas. Y esos fines progresistas se fueron diluyendo en la administración británica y fueron creciendo en la administración argentina. Más allá de eso, el gobierno británico no estaba preparado para que Argentina, después de salir de lo peor de la crisis, fuera consolidando algunas posturas de su política exterior que pudieran resultar novedosas para ellos.

 —¿La relación económica bilateral ha mejorado?

 —Está bastante mejor en los números. Estamos a punto de duplicar la balanza comercial. Hemos pasado de 500 y pico a 1040 millones de dólares, es decir cerca del 90%.Tenemos un saldo favorable en la balanza comercial. El turismo crece: la última cifra es 55.000 turistas británicos en Argentina. Se están haciendo inversiones en minería y energía. En cultura hicimos Open House, con los artistas argentinos, que fue un éxito. La relación mejora sensiblemente.

 —¿Malvinas es aún un problema? Para Blair, después de Irak, ¿es también un conflicto doméstico que no quiere incorporar a su agenda política?

 —Hay una versión asimétrica de las prioridades. Para nosotros, es una prioridad muy alta la solución del conflicto: es decir, que se reconozca la soberanía. Esa visión del conflicto no tiene simétricamente la misma importancia para el gobierno británico.

 —Con el ex canciller Guido Di Tella había permanentes viajes, reuniones, acuerdos. ¿El tema desapareció del interés británico?

 —Eso estaba vinculado a una "mansedumbre" argentina. Y elijo el término con cuidado. Creo que transformar la ausencia de mansedumbre en agresividad seria un error importante desde mi óptica. Pero si es utilizado deliberadamente para describir la posición contraria, es una estratagema del juego diplomático, pero no refleja la verdad. No hay agresividad de parte de Argentina. Tampoco hay mansedumbre.

 —¿Cómo será para Argentina el paso de Blair a Brown?

 —Hay muy poco vínculo entre América latina y Brown. No creo que vaya a modificar las prioridades, pero tampoco va a bajar el nivel de interés. Por fin el Foreign Office ha dictado un Libro Blanco sobre América latina, con una estrategia para la región. No es la toma de la Bastilla , pero es un paso importante porque vuelve a estar en la lupa de la Cancillería británica, de la cual había casi desaparecido.

 

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