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Antártida Argentina

"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

     
 

 

La inauguración de la Sala Bicentenario fue un acontecimiento para el territorio antártico 

 

     
 
     
       
       
     

 

LA NACIÓN

Martes 12 de abril de 2005

Primera sala en el hielo  

El cine unirá distintas culturas en la Antártida 

Se proyectó "Luna de Avellaneda" en la Base Jubany 

BASE JUBANY, Antártida Argentina.- “Jubany, here King Sejong Station, over”. A las 11.45 de ayer, desde la base coreana ubicada al otro lado del glaciar Fourcade, en retracción en los últimos años, los habitantes coreanos de la base King Sejong avisaron que llegarían a las 14 para ver “Luna de Avellaneda”. LA NACION fue testigo de la novedad, por encontrarse justo en la oficina del radiooperador que, en ese momento, gestionaba por radio una llamada a la Redacción de LA NACION.

El jefe de comunicaciones de la base, un hijo adoptivo de La Plata, Mario Leonhardt, procuraba entender el requerimiento coreano, cuya señal rebotaba en el glaciar. Su técnico, Enrique Arriaga, y el encargado de base, Daniel López Alfaro -todos con grado de la Armada Argentina- propusieron triangular la comunicación con la base chilena Frei, que queda “aquí nomás, a la vuelta del glaciar”, según Leonhardt.

La película de Juan José Campanella, cuyo coguionista es Fernando Castex, dejó oficialmente inaugurado, a las 11.30, el inédito espacio cultural llamado Sala Bicentenario-Espacio Incaa Latitud 90° en esta base argentina, la más científica de las diez bases y más de 100 refugios que tiene la Argentina en la península antártica, a 3360 km del polo sur y a más de 3500 km de Buenos Aires.

El paisaje antártico es irreal. La naturaleza tiene una belleza tan conmovedora como hostil y las palabras quedan estrechas para expresar lo inenarrable.

Los avatares para llegar hasta aquí, atravesando durante 48 horas la bravura de las aguas del pasaje de Drake en el barco Ciudad de Ushuaia, que dejó en cama a fuerza de medicamentos a 61 (entre éstos, la cronista de LA NACION) de los 62 pasajeros que componen la comitiva -entre funcionarios, invitados y periodistas- (sólo Castex se mantuvo enhiesto como un ombú), bien valieron la pena para ver el orgullo de estos 16 argentinos que sienten estos hielos como propios. Y también por ver este pedacito de continente, que 28 naciones firmantes del Tratado Antártico consideran "un continente para la paz, la ciencia y la cooperación internacional".

Imaginación en los hielos

El desafío cultural de montar el cine en la Base Jubany, que a su vez será un espacio abierto a las artes plásticas y otras actividades culturales, es una iniciativa del director nacional del Antártico, Mariano Mémolli, un hombre que ama Jubany después de haber pasado dos años como jefe de base hace 15 años. La propuesta fue apoyada por el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa), por medio de sus autoridades Jorge Coscia y Jorge Alvarez.

Hubo que unir trabajosamente esfuerzos del sector público y privado -financian el emprendimiento, entre otros, Repsol YPF, Turist Channel y Fernando Sokolowicz- para llegar hasta aquí y hasta dos días antes del viaje, todo estuvo a punto de sucumbir. En la comitiva oficial estuvo, además, el secretario de Medios, Enrique Albistur, que trajo un saludo del presidente Kirchner.

Todos los discursos -los de Coscia, Alvarez y Mémolli, con excepción del de Albistur, de claro tinte partidista-, apuntaron claramente a reafirmar el papel de la cultura en la recuperación del país. Y, sobre todo, en un ámbito donde la ciencia proporciona cifras duras y frías, el cine puede "permitir a la gente llegar tan lejos como le permita su imaginación", como señaló el capitán Jorge Pavón, jefe de la Base Jubany.

Coscia puso de relieve que "el hombre se protege con la cultura. Esta sala de cine que inauguramos en la Antártida es una metáfora de aquello en lo que creemos". Alvarez completó: "Somos conscientes de que esto excede el hecho cinematográfico. Pretende ser un espacio cultural para quienes viven aquí y para los vecinos de las otras bases".

"Yo me metí en el cine como un medio de comunicación, no como mera expresión estética. Este cine que va a llegar a bases de distintos países es la máxima expresión de la comunicación entre gente de distintas culturas", dijo el cineasta Campanella a LA NACION. Su “Luna de Avellaneda”, aunque los coreanos y los chinos no entiendan nuestra lengua, será sin dudas un nuevo vaso comunicante de la diversidad cultural.

Por Susana Reinoso
Enviada especial

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