INSTITUTO MALVINAS :: Para pensar la Patria
 

Antártida Argentina

"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

         
 

 

     
     
       
       
     

 

El continente blanco

Por Alejandro Pandra 

El día 22 de febrero se conmemora el Día de la Antártida Argentina, en recuerdo del primer izamiento del pabellón nacional y la inauguración del Observatorio Meteorológico y Magnético de las Islas Orcadas del Sur en 1904.

Cabe destacar que durante 40 años la Argentina fue el único ocupante permanente del Antártico, hecho que constituye el mejor aval de nuestros títulos de soberanía en el área. La presencia argentina en ese sector tiene más de un siglo, récord que debe enorgullecernos, y han sido frecuentes los actos de gobierno y administrativos en defensa de los derechos argentinos. Y la continua presencia en tierra, mar y aire, inclusive en el mismo Polo Sur, alcanzado en varias oportunidades alternativamente por aviones de la Armada y de la Fuerza Aérea y por las expediciones terrestres del Ejército.

Durante el año 1969, la patrulla Soberanía de la Fuerza Aérea llegó a la entonces Isla Seymour y, utilizando solamente picos, palas y explosivos, construyó la primera pista de aterrizaje de tierra del sexto continente, que permitió operar aviones de gran porte con tren de aterrizaje convencional, es decir con ruedas, rompiendo, con la fundación de la Base Aérea Vicecomodoro Marambio, el aislamiento de dicho continente, donde ahora se puede llegar en cualquier época del año; un hecho de gran trascendencia histórica y geopolítica. También se hizo posible la apertura de rutas en sentido transpolar.

 

El impulsor verdadero de nuestra presencia soberana en el continente blanco, por visión y claridad conceptual, fue un salteño a la sazón subsecretario de Agricultura, el doctor Carlos Ibarguren, historiador revisionista y político nacionalista, que en distintas etapas de su vida presidiera la Academia Nacional de Historia y la Academia Nacional de Letras, e incluso fuera interventor en Córdoba años después, durante el gobierno militar de José Félix Uriburu. En el envío Nº 55 de la Agenda de Reflexión hemos trascripto un breve pero pintoresco relato de Ibarguren del comienzo de Juan Manuel de Rosas, su vida, su drama, su tiempo.

El origen de tal decisión fue el ofrecimiento en venta al país por parte del escocés Willam S. Bruce de las precarias instalaciones erigidas por él en la Antártida y su instrumental de observación, todo por la suma de cinco mil pesos moneda nacional.

Dice Ibarguren: “En cuanto me enteré de la propuesta del señor Bruce percibí la importancia que tendría para la Argentina, no sólo en interés científico sino también político, práctico, el establecimiento permanente de una instalación oficial del gobierno en lo que entonces se llamaban mares australes de la República, hoy Antártida; era un primer paso; tornaríamos así en efectiva la posesión de lo que era y es parte integrante de nuestro país. Inmediatamente hablé con el ministro doctor Escalante, empeñándome en que se aceptara la propuesta del capitán escocés, y haciéndole presente la conveniencia de orden científico y práctico de que el gobierno instalara un asiento estable en esa parte inexplorada y desierta de la patria. El ministro se convenció fácilmente de la utilidad de adquirir la casilla de Bruce por cinco mil pesos, sin que apareciera esta operación como compraventa (ni tampoco en el decreto) sino como transferencia, y me encargó que yo redactara el decreto que lleva fecha 2 de enero de 1904 y fue escrito de mi puño y letra...” [Carlos Ibarguren, La historia que he vivido, Eudeba, 1969].

 

El Dr. William S. Bruce partió de Edimburgo el 2 de noviembre de 1902 para cumplir trabajos científicos en la Antártida que le fueron encomendados por la Real Sociedad de Geografía de Escocia, de acuerdo con las recomendaciones del VII Congreso Internacional de Geografía celebrado en Berlín en 1899, que llegó a la conclusión de que ya no había más lugares inexplorados en el mundo, “excepto ciertas recónditas zonas del sur en las que, según cuentan las leyendas de viajeros solitarios, la vegetación no crece, el aire congela de sólo respirarlo y soplan ráfagas de vientos mortales. El Dr. Bruce se había propuesto explorar y estudiar el sector del casquete polar situado al sur de nuestro continente. Arribado a las latitudes antárticas a bordo del "Scotia", después de haber recalado en las Islas Malvinas, y no pudiendo continuar la navegación por impedírselo el hielo que ya cubría en gran parte el mar, decidió poner proa hacia las Orcadas del Sur, descubiertas por Powell en 1821, que ya había visitado en un viaje anterior. Llegado a la isla Laurie, una de las mayores del archipiélago, el "Scotia" penetró en una bahía en la costa sur de la isla, bahía que fue bautizada por Bruce con el nombre de su barco. Esto ocurría en el mes de marzo de 1903, y a esta altura del año el mar comienza a cubrirse rápidamente de hielo. El "Scotia" quedó aprisionado, y Bruce y sus hombres decidieron invernar en la isla. Era necesario tener una casa para sobrevivir en un lugar tan inhóspito y en la peor época del año, entonces los expedicionarios se dedicaron a la tarea de construir un albergue donde pasar el invierno. Tal fue el humilde origen de nuestro primer observatorio en las Orcadas y primer establecimiento permanente en la Antártida.

Otra pequeña casilla de madera para depósito del instrumental de magnetismo terrestre se levantó en un lugar próximo la primera construcción, además de pequeños abrigos para observaciones meteorológicas instalados en la playa de Bahía Scotia.

Llegada la época propicia para la navegación, Bruce dejó en las Orcadas una dotación de seis hombres y llegó con el “Scotia” a Buenos Aires. Todavía estaba latente la emoción de los argentinos con la proeza de la corbeta "Uruguay" de la Armada Nacional, que rescató y trajo a su bordo a quienes habían quedado aislados y en peligro durante dos años en la Antártida, el sueco Dr. Otto Nordenskjöld y su expedición que integraba también el Alférez de fragata José María Sobral, de 21 años (que luego se convertiría en el primer geólogo argentino) y a los náufragos del "Antartic" que habían quedado un año atrás aprisionados por los hielos.

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