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"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

   

 

 

 

     
 

 


 

     
 
     

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MALVINAS: SOLDADOS CONOCIDOS POR DIOSY POR EL PUEBLO ARGENTINO 

            En su nota de opinión del 23 de abril pasado, el historiador Federico Lorenz afirma que la mayoría de los muertos argentinos en Malvinas están sin identificar. No es cierto; todos los Caídos por Malvinas están identificados, indubitablemente. Las Leyes Nacionales 24.950 y 25.424 registran fehacientemente quiénes cayeron en el conflicto de 1982, declarándolos “Héroes Nacionales”. 

            Nadie en la República Argentina, ni en el Reino Unido de Gran Bretaña, ni en el resto de la comunidad internacional – como el Comité Internacional de la Cruz Roja-, han puesto en dudas esa nómina de Caídos argentinos. 

            Sí es cierto que en el Cementerio argentino de Darwin hay tumbas en que figura la leyenda “Soldado argentino sólo conocido por Dios”, como consecuencia de la ausencia de información con que contaban los británicos al momento de la inhumación. Pero ello no genera dudas – como pretende Lorenz-, sobre quiénes dieron sus vidas por todos nosotros. 

            La guerra de Malvinas no es comparable con el accionar criminal que se practicó desde el Estado en tiempos de la dictadura militar. No hay desaparecidos, ni secuestrados, ni detenidos ilegalmente, ni dudas sobre la identidad de las personas. Y, lo que es más importante, tampoco existen  dudas – a excepción de una denuncia reciente, que se encuentra en etapa de investigación-, sobre los homicidas: las tropas británicas bajo órdenes de Margaret Thatcher y su gabinete de guerra. 

            Escamotear esta realidad es exculpar a los verdaderos responsables de la empresa colonial –que siempre es criminal-, e inculpar a las víctimas del despojo y de la agresión. No es necesario, entonces, la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense para que realice ninguna identificación. Quienes hemos perdido un ser querido en Malvinas, solo queremos que Ellos descansen en paz, en el lugar por el que pelearon y dieron sus vidas, y que el pueblo argentino, el de hoy y el de mañana, les rinda el homenaje que merecen. 

            Han pasado 25 años de nuestra pérdida, y nos ha costado enormes esfuerzos e inmensos sufrimientos hacer nuestro duelo. Para superar el dolor y las ausencias irreversibles, oganizamos 23 viajes a Malvinas y 2 a la zona del hundimiento del Crucero “Gral. Belgrano”, y tras casi 6 años de gestiones, logramos erigir un Monumento en el mismo Cementerio de Darwin. 

            Remover los restos de nuestros seres queridos sepultados en la Isla Soledad, sería reavivar nuestro dolor, para fines que nadie pidió y cuyo cometido solo puede satisfacer designios inconfesables. 

            Los británicos han participado – y siguen participando- de muchas guerras a lo largo de su historia. Entre otras cosas, han hecho doctrina acerca de lo que uno de sus literatos más destacados, Rudyard Kipling, escribiera en su “Graves of the fallen” (“Las tumbas de los Caídos”), esto es, que los combatientes Caídos deben ser sepultados allí donde fallecen. Para el poeta del Imperio, esto serviría para recordarles a las futuras generaciones británicas, la voluntad inquebrantable de su Nación, y para los locales, que por allí estuvieron los súbditos de Su Majestad. La única excepción por su parte, justamente, es la que practicaron en Malvinas, para ocultar la verdad sobre la totalidad de sus bajas, sobre lo cual mantienen secreto por 99 años. 

            Los argentinos no somos un pueblo guerrero. Pero ello no impide que seamos respetuosos de quienes lo brindaron todo por una causa justa, a pesar de que quienes condujeran las acciones del lado nacional no estuvieran a la altura de las circunstancias. 

            Lorenz demuestra su improvisación como historiador, cuando al afirmar que “quienes fueron a Malvinas tenían nombre y apellido”, se equivoca con el nombre de “el teniente que murió conduciendo a sus hombres en el combate de Goose Green…”, rebautizándolo como Norberto Estévez, cuando en realidad el bravío oficial del Regimiento de Infantería 25 se llamaba Roberto Néstor Estévez. 

            No se trata de un error tipográfico, como seguramente se escudará Lorenz; se trata de la misma desaprensiva metodología que aplicara en su libro “Las Guerras por Malvinas”, donde pretende reconstruir los orígenes de las organizaciones de ex combatientes de Malvinas, sin consultar a las fuentes, accesibles para quienes las quieran consultar. 

La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas lamenta que no se halla comprendido el verdadero significado de haber podido construir el merecido homenaje a todos los que dieron sus vidas, más allá de que estén o no identificados en el sepulcro. 

            Cuando se habla de Justicia, la única posible es que recuperemos definitivamente lo que nos corresponde, las Islas Malvinas, Georgias, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Este es el Reconocimiento Histórico que esperan quienes dieron sus vidas y los que la pusieron en juego, los que tozudamente siguen afirmando a un cuarto de siglo que el esfuerzo realizado valió y vale la pena. 

            Nuestros seres queridos de ninguna manera son sólo nuestros. A partir de ser declarados “Héroes Nacionales” son de todos los argentinos. Siempre lo fueron. La cuestión es comprender que no sólo dieron la vida por sus familias, sino que la dieron por la Patria, de la cual todos somos parte, aunque algunos se pongan de la vereda de enfrente. 

Héctor Cisneros, Presidente

Delmira de Cao, Secretaria

Leandro de la Colina, Tesorero

Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur         

           

 

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