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HMS "CONQUEROR"

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El "blanco de oportunidad" de Thatcher

Los documentos desclasificados revelan que buscó un gran golpe al torpedear el crucero argentino

WASHINGTON.- Margaret Thatcher buscaba un "blanco de oportunidad" desde hacía tres días, por lo menos. Quería dar un gran golpe que abroquelara a los británicos detrás de su decisión y colocara a la defensiva a la dictadura argentina. 

Y lo encontró el 30 de abril, cuando el submarino nuclear HMS Conqueror detectó al crucero ARA General Belgrano. Dos días después lo hundió y se llevó la vida de 323 marinos con dos torpedos. Hoy, hace 25 años.  

Estados Unidos sabía de la cacería en marcha desde el 27 de abril, cuando su embajador en Londres, John Louis, se lo comunicó a Washington en un cable secreto, ahora desclasificado. "Con el área de exclusión marítima consolidada, los británicos tienen la capacidad de atacar a los buques argentinos en esa zona", predijo. 

"Sospechamos que los británicos confían en que los argentinos les ofrecerán tales blancos de oportunidad en los próximos días." Así fue. Pero el ataque ocurrió fuera del perímetro de 200 millas trazado por Londres de manera unilateral, desatando una controversia que sigue abierta un cuarto de siglo después.

Un mapa de la época de la inteligencia norteamericana es el último agregado al debate: marca que la última posición del Belgrano fue 30 millas náuticas al sudeste de aquel cordón de seguridad.  

La polémica que aún rodea al hundimiento del Belgrano es evidente, incluso en la difusión de documentos sensibles. Mientras el gobierno de Estados Unidos desclasificó decenas de cables y memos sobre la Guerra de las Malvinas a pedido de los Archivos de Seguridad Nacional de la George Washington University, los referidos al buque continúan siendo reservados o sufren amplias tachaduras.  

A pesar de esos filtros, los documentos a los que accedió LA NACION muestran que sólo dos días después del ataque al Belgrano un informe ahora revelado del Bureau de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado incluye un mapa que expone que el buque estaba fuera de la zona de exclusión.  

Para los británicos, se trata de una discusión irrelevante. "No podíamos permitir que un buque de guerra argentino se acercara a una zona de exclusión en forma arbitraria para que nos atacara cómodamente desde allí", explicó el entonces jefe de la Fuerza de Tareas británica, Sandy Woodward, durante una entrevista con LA NACION, semanas atrás. 

Woodward recordó que aunque "estaba emprendiendo el regreso a puerto", el Belgrano podía virar y, por la distancia a la que se encontraba, acercarse a la flota inglesa "en menos de una noche". Pero el jefe del Comando Atlántico de Estados Unidos durante la guerra, almirante Harry Train, recordó dos factores que complican el debate. Ni Woodward ni ningún otro oficial "informó (a Londres) que el Belgrano había cambiado de rumbo" y que "había estado enfilando hacia casa durante 14 horas" cuando fue torpedeado.  

Train aportó otro dato poco conocido sobre aquellas horas decisivas en el Atlántico Sur en una mesa redonda sobre la guerra que el Programa de Historia Oral Presidencial de la Universidad de Virginia celebró en 2003 con figuras clave de la administración Reagan, pero cuya transcripción sólo se desclasificó hace unos meses.  

Recuerda que el Belgrano y el portaaviones 25 de Mayo se aprestaban a atacar la flota británica cuando el segundo rompió uno de sus motores y sólo pudo navegar a 16 nudos. Como sus aviones deberían atacar entonces desde más lejos, deberían cargar una sola bomba en vez de cuatro para compensar la distancia extra en combustible. Y ante esa restricción, el almirante Juan José Lombardo les ordenó "dar la vuelta y enfilar a casa". A las 16.01 del 2 de mayo de 1982, sin embargo, dos torpedos del Conqueror acabaron con el crucero y 323 de sus marinos. Pero su impacto real fue mucho más profundo.  

"Con eso prácticamente se terminó la guerra", rememoró el entonces embajador norteamericano en Buenos Aires, Harry Shlaudeman. "En primer lugar devolvió a la Armada a sus puertos, para no salir nunca más. Y con ella fuera del conflicto, ¿cómo iban a proveer a las tropas? Imposible. Creo que golpeó a los militares argentinos a tal punto que desde ese momento comprendieron que iban a perder." 

Aun cuando dos días después, el 4, aviadores argentinos hundieron el HMS Sheffield, el fin del Belgrano había consolidado la presunción dominante, contó Train. 

"Una vez que llegaron los submarinos nucleares británicos, no hubo lugar (para la Armada Argentina) en los mares" del Sur.  

Por Hugo Alconada Mon

Corresponsal en EE. UU. de LA NACIÓN

 

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