INSTITUTO MALVINAS :: Para pensar la Patria
 

Artículos de Interés

"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

   

 

 

 

     
 

Más sobre el Crucero
ARA Grl BELGRANO

     
 
     
       
       
     

 

Opinión

El hundimiento del Belgrano fue un crimen de guerra

Por Delicia R. de Giachino
Para LA NACIÓN

El almirante Enrique Molina Pico ha querido, días atrás, en respuesta a una nota de Alicia Pierini, dejar en claro su posición en el sentido de que el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano no fue un crimen de guerra.

Ignorábamos que el almirante fuera experto en cuestiones de derecho y formarse una idea de los presupuestos jurídicos de su opinión requeriría recurrir a la imaginación, ya que no argumenta en derecho, sino que más bien emplea lo que se denomina un argumento de autoridad.

Un análisis jurídico correcto de la cuestión parte por considerar que el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza salvo en la legítima defensa.

El Reino Unido había reconocido la vigencia legal de esta prohibición no sólo al tiempo de elaborarse la resolución 502 del organismo, proceso en el que tuvo un rol protagónico, sino manifestando expresamente, al tiempo de enviar su fuerza de tareas, que actuaba en observancia y sobre la base de la norma mencionada.

En estos términos, la justificación del hundimiento del Crucero ARA General Belgrano sólo puede fincar en demostrar que el mismo representaba una amenaza inminente para las fuerzas británicas.

En términos concretos, no a través de la retórica genérica del peligro que usa en su carta el almirante Molina Pico -y que utilizara Margaret Thatcher (primera ministra británica) en su defensa-, sino a que el crucero argentino se hallaba a una distancia superior a las 400 millas del grueso de las fuerzas inglesas y a más de 250 millas de sus unidades más cercanas, mientras que el alcance de sus cañones no superaba los 40 kilómetros. Y que se encontraba navegando a una velocidad de 11 nudos rumbo a la isla de los Estados; es decir que no se dirigía ni hacia la zona de exclusión ni hacia las unidades británicas.

* * *

Podría entenderse que el almirante Molina Pico, en su afán de justificar el ataque, alude de modo muy general a unos planes e intenciones por cuya virtud la nave argentina representaba un peligro para las fuerzas británicas.

Aunque ello fuese suficiente en derecho -que no lo es-, debió observarse la regla que manda evitar causar matanzas y sufrimientos innecesarios. Esto no se hizo, ya que atento a la posición del ARA General Belgrano hubiera bastado con inutilizarlo y, sin embargo, se actuó deliberadamente a los fines de asegurar su hundimiento, llegándose luego a emplear fuego letal contra una nave que participaba del rescate de los náufragos.

Estos extremos a los que no dedica consideración la carta del almirante tampoco pueden omitirse en un examen jurídico bien formulado, ya que el derecho de la guerra prohíbe el empleo de recursos que, por su naturaleza, causen males superfluos o sufrimientos innecesarios; la obligación de seleccionar estos recursos de modo de evitar o minimizar la producción de bajas o daños colaterales, a lo que se suma la prohibición de lanzar ataques que presumiblemente habrán de causar bajas o daños colaterales excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa que pueda obtenerse.

* * *

También y aunque intente negárselo es relevante la cuestión de que el ataque se llevara a cabo fuera de la zona de exclusión.

El almirante se refiere al derecho internacional sin hacer la más mínima mención de las normas aplicables a los conflictos armados en el mar, que definen con precisión las reglas que corresponden al establecimiento de bloqueos, incluyendo el que los mismos deben ser declarados y notificados especificándose con exactitud sus límites temporales y geográficos.

Son éstas, entre otras, las razones por las que el máximo consejero jurídico del Estado británico desaconseja a la primera ministra la acción que ella ordena de todos modos. Y son también las razones por las que el capitán del submarino se hace repetir esa orden tres veces, incluyendo al final una pregunta inequívoca: "¿Confirma usted que me está diciendo que el General Belgrano constituye una amenaza inminente para las fuerzas británicas y que por eso debo proceder a hundirlo?".

Pero más allá de los desaciertos de la aproximación jurídica, resulta inadmisible la insinuación final de la carta del almirante. Lo que parece postularse allí es: o se adopta la tesis que sustentamos o se habilita la descalificación a los caídos en el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano.

Es bueno recordar que, entre los caídos del Crucero ARA General Belgrano hubo hombres que no murieron instantáneamente y que usaron sus últimas fuerzas, sus últimos instantes, para entonar el Himno Nacional en la soledad de un océano embravecido.

Por supuesto que los hombres del Belgrano partieron consciente y decididamente hacia el cumplimiento de su deber. Por supuesto que estaban dispuestos a morir por la patria. Y lo hicieron. Y por eso son héroes y lo serán siempre, más allá de cualquier especulación.

Pero lo que omite considerar el almirante es que a estos hombres valientes se los privó de la posibilidad de defenderse por una decisión criminal que se adoptó en el campo enemigo, sin duda, pero también, probablemente porque entre sus propios mandos hubo quienes cayeron en torpezas que permitieron que tal decisión fuese de ejecución posible.

Y es este último el punto cuyo esclarecimiento resulta dilatado por posiciones como las que se adoptan en la carta en respuesta.

La autora es la madre del capitán Pedro Edgardo Giachino, oficial de la Armada Argentina que fue el primer soldado caído por la recuperación de las islas Malvinas el 2 de abril de 1982

 

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=702414

Sitio armado por Maximus: firmesydignos_argentina@yahoo.com.ar  

 

Instituto Malvinas: :: tel 4123-4567 :: institutomalvinas@yahoo.com.ar