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El falso "Rey de la Araucanía"

Un fallido intento colonialista de un delirante francés del siglo XIX que pretende reactualizarse hoy

28/07/06                                                   

La historia de un desequilibrado impostor que en 1858 se autotituló Rey de Araucanía y Patagonia y de otro personaje que hoy (2006) se dice sucesor y tiene una “corte” en París, aunque la justicia francesa lo haya descalificado. Pero sigue en su innoble impostura y moviliza a cómplices del exterior de Francia recolectando dineros, desde hace más de medio siglo, para “sus” indios a quienes jamás ayudó, como quedó probado en los tribunales.

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En 1858 se embarca hacia Chile el francés Orélie Antoine de Tounens. Había nacido el 12 de mayo de 1825, hijo de una numerosa familia de humildes labriegos habitantes de un caserío hoy desaparecido llamado La Chéze, distrito de Périgueux, departamento de la Dordogne. Desde antes de su partida comenzó a llamarse “Príncipe de Araucanía”, tierra a la que aseguraba viajaría para convertirse en “Rey”. No le importaba el ridículo ante sus vecinos. Por eso considerárselo en su sano juicio, no logró convencer a nadie para ser acompañado. Lleva ya escrita una constitución nada democrática del reino con su designación como monarca, una bandera, diversas leyes a aplicar, etc., etc., todo escrito en francés. Coincidentemente, en aquel siglo se extendía el colonialismo “civilizador” de las grandes potencias europeas.

En Chile, según su propio relato, porque no existen fuentes históricas serias que lo acrediten, Orélie Antoine de Tounens, se dice haber sido coronado por las tribus araucanas, formado un gabinete y dictado una constitución. Todo ello se lo comunica al gobierno chileno y a la prensa de ese país. En un principio se toma la ocurrencia como una humorada. Pero vuelve a cruzar el río Bío Bío y esta ve lo detienen acusado de intentar sublevar a los mapuches, aunque en realidad no pasó nada. Simplemente hablaba para provocar notoriedad. En las dos incursiones no alcanzó a permanecer dos semanas en tierras araucanas y su penetración habría sido mínima. Pero en una de ellas descubre que en la Patagonia también habían mapuches y agranda su reino a Araucanía y Patagonia, hasta la Tierra del Fuego.

Encarcelado y sometido a juicio, donde insiste en llamarse rey, no es condenado por inimputable, pero si la justicia chilena ordenó su internación en un manicomio. El cónsul francés en Valparaíso intercede y logra autorización para regresar a su país, repatriado como indigente.

El delirio de reinar, le lleva a hacer otros tres viajes (que terminan todos en desastres y nuevas repatriaciones por caridad desde la misma Buenos Aires). Pero entre crucero y crucero hace una gran difusión en Francia mostrando su constitución, leyes y designación, pidiendo suscripciones para reconquistar el reino al que llamaba “Nueva Francia”. Diciéndose “rey en el exilio” y “despojado por Chile y Argentina”, organizó, solo en los papeles fantasiosas empresas navieras y comerciales, solicitó créditos, llamó sin éxito a reclutamiento de voluntarios para integrar u ejército, hizo suscripciones para reunir fondos, vendió tierras y títulos de nobleza y pagaba deudas con órdenes sobre el Tesoro del Reino. Vivía de “rey”. Tales actividades le provocaron diversos problemas con la justicia y hasta debió exiliarse en Gran Bretaña, donde también ofreció su reino, como lo hiciera con otros gobiernos europeos. Se rodeó además de delincuentes y falsos nobles.

Un grupo de jóvenes intelectuales de Parías solía protegerlo del hambre invitándolo a comer al cabaret “Le Chat Noire” (“El gato Negro”) de Montmartre, donde se divertía con Orélie Antoine I divagando sobre sus lejanas tierras y repartiendo títulos de nobleza. Encuentra la muerte en la Dordogna el 17 de septiembre de 1878, en la mayor pobreza y abandonado hasta por su familia.

Poco tiempo después de la desaparición del “rey”, surgió otro oportunista sin escrúpulos llamado Gustave Achille Laviarde, haciéndose llamar Rey Achille I. Este vivió al margen de la ley, embaucando gente, durante la veintena de años de su “reinado”, pues muere el 17 de marzo de 1902. Al fallecer éste, los ya mayores escritores y artitas que cortejaron al “rey” originario, volvieron por cosa de un año, a seguir la broma, sin especular ni delinquir. En 1903, se dio por terminado el juego y todo cayó en el olvido.

Pero, medio siglo después, otro aventurero, un francés de poco más de 20 años de edad, apareció diciéndose heredero de Orélie Antoine I. Por supuesto, con documentación falsa. Formó una corte y comenzó a otorgar títulos de nobleza y a autoadjudicarse muchos extravagantes para sí mismo. Como los dos primeros, nombró “diplomáticos” sin reino por el exterior, con falsos nobles de ridículas coronas inexistentes y muchos de ellos con antecedentes delictivos. El “príncipe” se llama Philippe Paul Alexandre Henri Boiry, hoy (en el 2006) de 77 años.

Toda esta historia, que tiene ribetes insólitos y cómicos, fue investigada y escrita por el periodista argentino Enrique Oliva, en su deseo de deslindar historia de leyenda y desenmascarar a quien se dice y escribe como heredero del fantasmal reino.

Derrota del “príncipe” ante la justicia de París.

En 1996, al francés Philippe Boiry, diciéndose “príncipe” y heredero del “Ray de Araucanía y Patagonia”, demanda ante la justicia de París al periodista y escritor argentino Enrique Oliva, quien en 2 libros (uno en español y otro en francés) le niega sus “derechos a la corona”.

Enrique Oliva, con el seudónimo de François Lepot, escribió el libro titulado “El Rey de Araucanía y Patagonia” (Editorial Corregidor – ediciones de 1995 y 1996). En una documentada obra donde pone en claro los orígenes de esta leyenda la delirante audacia de quien hoy, se dice heredero del “trono” de Orélie Antoine de Tounens.

Sin embargo, no fue por ese libro la demanda sino por lo publicado en una síntesis en francés en la colección Autrement de París. Oliva, con su verdadero nombre, sólo escribió el capítulo titulado “le Roi de Tapagonie” del libro “Patagonie – Une Tempete d’Imaginaire”, aparecido en 1996. Allí colaboran otros autores argentinos como César Vapñarsky, Rodolfo Casamiquela, Osvaldo Bayer, Alicia Dujovne Ortíz y Graciela Schneier Madanes, ésta a cargo de la edición. También participó Jean Raspail, prestigioso escritor francés.

En fin, el capítulo escrito por Enrique Oliva (“El Rey de la Patagonia”) hizo sentirse ofendido al pretendido “Rey en el exilio” señor Philippe Boiry y por ese motivo inició demanda contra el autor argentino. Reclamaba también el “monarca” diversas indemnizaciones en dinero, costas, honorarios y la publicación de la posible sentencia en un diario a su elección. Asimismo se reservaba el derecho posterior de accionar en la justicia penal.

La demanda del señor Boiry

El señor Philippe, Paul, Alexandre, Henri Boiry, nacido el 19 de abril de 1929, con domicilio particular en 138, boulevard Murat, París 75016, el 31 de julio de 1986, ante el Tribunal de Instancia de París I, presentó demanda por calumnias, injurias y difamación, con “pruebas” de su “real linaje” y derechos al trono de Araucanía y Patagonia.

Todas esas falsedades fueron destrozadas, una por una, con documentación aportada por el abogado Dominique de Leusse, defensor de Enrique Oliva, que demostraban todo lo contrario.

La sentencia del Tribunal de Instancia de París I

Luego de considerar no probada ninguna de las afirmaciones ni derechos invocados por el señor Philippe Boiry, el 29 de abril de 1997 el Tribunal de Instancia de París Iº, presidido por Madame M. C. De Duvehat, sentenció:

“Desestimar al señor Philippe, Paul, Alexandre, Henri Boiry, sus fines, demandas y conclusiones.

“Rechazar las demandas convencionales.

“Dejar las cosas a cargo del demandante.

Apelación y posterior desistimiento

El 13 de octubre de 1997, pese a la contundente sentencia del Tribunal de Instancia de París Iº, el señor Philippe Boiry recurrió a la Corte de Apelación de París, Primera Cámara B, R.G. 97.013279.

Esta vez, el “príncipe” aumentaba sus demandas de indemnizaciones.

En su apelación no ofrecía elementos nuevos que pudieran aportar la más mínima prueba de ser heredero de los ya falsos títulos invocados desde hacía más de medio siglo y medio por Orélie Antoine de Tounens. Además, su apelación fue presentada fuera de término, cuando la sentencia del Tribunal de Instancia esta firme y nada podía hacerse contra ella. El “príncipe”, en un gesto teatral, presentó un innecesario escrito desistiendo de la apelación.

Conclusión

Ahora el señor Philippe Paul Alexandre Henri Boiry, no puede decirse más “príncipe” ni “rey en el exilio”, ni ostentar una cantidad de títulos autoasignados que, por otra parte, salvo algunos incautos (o cómplices), nadie lo toma en serio. Por uno de esos títulos fantasiosos, entre muchos otros, se llama “príncipe” protector de los pueblos de Araucanía y Patagonia y de las tierras australes del continente americano”.

No obstante ello, continúan sus ilegales actividades fuera de Francia, donde ha repartido generosamente “títulos de nobleza”. Sigue manteniendo fantasmales fundaciones y recaudando fondos. Eso si, como Enrique Oliva ha difundido por Internet su libro, no escatima medios para, desde el exterior, y especialmente a través de incautos (o cómplices) norteamericanos, descalificar e insultar al periodista argentino.

Pero no debe descartarse que la intención colonialista sea reactivada con cualquier pretexto, como la historia de todos los tiempos lo prueban.

Por iniciativa del señor Jorge Solanas de Neuquén, el Senado de la Nación Argentina dictó una resolución de apoyo al periodista Enrique Oliva, porque el juicio contra él incumbía a la defensa de la soberanía argentina.

En definitiva, pese a las ininterrumpidas maquinaciones del falso príncipe, quedan vigentes, y legalmente, las palabras del señor Mauriece Druon, actual Secretario Perpetuo de la Academia Francesa, quien dio su testimonio expresado:

“Boiry es un fantástico impostor de vocación a repetición, permanente y progresivo”.


Enrique Oliva

 

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