INSTITUTO MALVINAS :: Para pensar la Patria
 

Luis Vernet
Explorador, científico, colonizador y gobernador de las Malvinas

"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

 

       
 

     
 
     
       
       
     

A 216 años de su natalicio

 
6/III/07                                                    Por Enrique Oliva

Luis Vernet, el gobernador de las Malvinas designado por el gobierno de Buenos Aires, nació en Hamburgo, Alemania, el 6 de marzo de 1791. Vivió 8 años en Filadelfia, donde en la firma de sus amigos de negocios Brock y Kumbhaar se desempeñó como sobrecargo (administrador de cargas navieras), lo cual le permitió conocer mundo y lograr una vasta experiencia en el comercio internacional. Políglota, explorador, preparado científicamente, colonizador, imaginativo, culto, sociable y tenaz trabajador, no tuvo problemas para hacer fortuna y emplearla en beneficio de la Argentina, su patria adoptiva.

         Desde Río de Janeiro se embarca Vernet para Buenos Aires en cuanto se entera de la formación de un gobierno propio el 25 de Mayo de 1810. Se inicia en actividades comerciales con rápido éxito y goza de vinculaciones sociales relevantes en la ciudad. Se casa con gran pompa en la catedral el 17 de agosto de 1819 con María Sáez, hija de un acaudalado negociante uruguayo (Francisco Sáez). De dicha unión saldrían 4 hijos: Luis, Emilio, Luisa y Sofía.

         En 1823 el gobernador Martín Rodríguez le concede a su amigo Jorge Pacheco autorización para establecerse en la isla Soledad (Malvinas) para explorar la fauna marítima y el ganado cerril. Como Pacheco adeuda una gran suma de dinero a Vernet, le cede a éste la mitad de la concesión de 30.000 leguas y acuerdan asociarse y planean grandes proyectos.

         En 1826, Vernet propone al gobierno de Buenos Aires que le otorgue el resto de tierras no cedidas a Pacheco para fundar una colonia, con excepción de impuestos por 30 años. Funda su solicitud en razones políticas, económicas y soberanas, teniendo en cuenta la guerra de esos momentos con el Imperio del Brasil, que ya había intentado desembarcar en la Patagonia, atacando sin éxito en Carmen de Patagones. Consigue la nueva concesión, comprometiéndose a establecer allí una colonia en el término de 3 años.

         Emilio Vernet, hermano de Luís, junto a Loreto Sáez, cuñado del colonizador, viajan de inmediato al Sur a explorar el terreno y las instalaciones abandonadas y preparar viviendas para la radicación de sus familias y las de otros colonos. Desde Buenos Aires, Vernet escribe a amigos de Europa para interesarlos en participar de la empresa, informándolos de las riquezas de las Malvinas.

         El 10 de junio de 1829, el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Salvador María del Carril deciden nombrar un comandante político y militar en las Malvinas y las adyacencias al Cabo de Hornos en el mar Atlántico, designando para ese cargo a Luís Vernet, “teniendo en cuenta las condiciones que reúne“.

A solo 35 días del nombramiento, al mando de una flotilla propia, Luís Vernet regresa a Malvinas, esta vez con su esposa. De inmediato, el nuevo comandante se dedica a diversas tareas. En primer lugar, de acuerdo al decreto de Martín Rodríguez, arma una batería bajo la bandera nacional. Luego toma otras medidas, desde hacer un relevamiento topográfico a estudios sobre la flora, fauna y clima, pasando por la instalación de una lobería en la isla de los Estados. Se vincula personalmente con los 80 colonos en Malvinas, a quienes aconseja técnicamente. Promete y cumple la rápida construcción de mejores viviendas con maderas que trae de la Isla de los Estados. También toma el compromiso de darles en propiedad espacios para su cultivo o explotación ganadera. La minuciosa descripción de sus labores, es conocida por el diario que lleva su culta esposa.

         La incesante correspondencia de Vernet llama colonos explicándoles las ventajas del lugar. Y comienza a arribar gente de diversos lugares del globo y en particular gauchos, que pronto son mayoría. Todos reciben del comandante tierras, semillas y herramientas. Asimismo se preocupa con éxito para crear un clima de camaradería y solidaridad entre los colonos.

         Los gauchos venidos de Buenos Aires apresan caballos salvajes, los doman y domestican. Diversas iniciativas entran a funcionar rápidamente. Un saladero para carne vacuna y pescado sirve para abastecer a los barcos de paso y exportar en sus propios navíos. También encarga la construcción, bajo diseño y dirección propios, de una goleta llamada “Aguila”, que lleva a feliz término para la pesca de anfibios, tripulada con 10 hombres. Construye el navío con maderas de la Isla de los Estados y metales de naufragios, todo trabajado en sus talleres de herrería y carpintería.

         En un renglón industrial pasará también a la historia al inventar una fórmula química para permitir que los cueros lleguen bien a destino, soportando las largas travesías. De allí surge la palabra “vernetizar” que se difundió en la Argentina y el mundo. En las piletas construidas por el comandante, llegó a “vernetizar” hasta 3.000 cueros por día. El invento le mereció un gran prestigio y hasta el elogio público del ingeniero Carlos Pellegrini. Allí quedaron confirmadas sus cualidades de científico.


Otras actividades

         El gobernador no descuida la atención a los frecuentes naufragios en esos mares. en esas costas. El marino y sus tripulantes fueron salvados y auxiliados por medio del “Aguila”, que pone en manos del capitán en desgracia para las tareas de salvamento. Ante las atenciones de Vernet a esos náufragos, los convenció de aceptar Mateo Brisbane, capitán de la marina británica fue uno de los que perdió  su barco, el “Baufort“. Este trabajó en las tareas de pesca y todos se quedaron en Malvinas, junto al capitán Brisbane, cuyos restos reposan allí.

         El capitán Fitz Roy, que estuvo en Malvinas con Carlos Darwin, escribió: “El gobernador Vernet me recibió con cordialidad. Posee una gran ilustración y habla varios idiomas. Su casa es una construcción larga y baja, de un solo piso, con gruesos muros de piedra. Encontré en ella una buena biblioteca compuesta de obras españolas, alemanas e inglesas. Una alegre conversación amenizó la comida, a la cual asistieron el gobernador Vernet, su esposa y algunos invitados. Por la noche hubo música, canto y baile. En la habitación había un gran piano, la señora de Vernet, una bonaerense, nos dejó oír su excelente voz, que sonaba un poco extraño ‘en las Falkland’, donde solo esperábamos encontrar algunos loberos”.

         Luís Vernet demostró una incansable fe en sus proyectos. Allí invirtió y perdió toda su gran fortuna. “...lo que pensábamos realizar en un año –dijo– estuvo terminado al cabo de cinco. Mis socios se desanimaron y me vendieron sus derechos....Compré 5 barcos y los perdí...” (con el acto de piratería inglés).

         La preocupación del gobernador de Malvinas, Tierra del Fuego y adyacencias, por la preservación de especies que explotaban pescadores furtivos, pide sin resultado un barco de guerra y hombres de caballería a Buenos Aires. No obstante, con sus escasos medios, Vernet, luego de advertir de las restricciones vigentes a sus respectivos capitanes, detiene a las goletas norteamericanas “Harriet”, “Braskwater” y “Superior”. Con las naves propias y las incautadas, viaja a Buenos Aires para presentar su acción al Tribunal de Presas, dejando a cargo a su segundo Enrique Meteaf.

         En esa ausencia de gestiones del gobernador, Estados Unidos, que no reconoció la soberanía argentina, ataca con su cañonera “Lexington“, comandada por el corsario Silas Duncan, y destruye la obra allí realizada con una colonización pujante y en continuo aumento.

         Luego, el 31 de diciembre de 1831, apoyándose solo en la fuerza de su Marina Real, Inglaterra ocupó las Malvinas, convirtiendo al archipiélago en colonia, cosa que Argentina no ha dejado de reclamar nunca.

         El esforzado, creador y talentoso Luís Vernet, murió en San Isidro (Buenos Aires) a los 80 años de edad, el 7 de enero de 1871, luego de un escabroso período de juicios calumniosos en su contra, que pudo superar.

         Poco después, el general Bartolomé Mitre, escribiendo elogiosamente sobre Vernet y su “preservativo de cueros“, dijo: “Murió pobre después de enriquecer a un país“.


Nota: En diversos tramos de este recordatorio, se ha seguido el trabajo
de A. Larran de Vere.

 

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