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Opiniones Inglesas

"No se defiende lo que no se quiere y no se quiere
lo que no se conoce"

   

 

 

 

     
 

 

 

     
     
       
       
     

 

MALVINAS, 25 AÑOS DESPUES : JULIAN THOMPSON, COMANDANTE DE LA ROYAL MARINE QUE DESEMBARCO EN MALVINAS  

"Los argentinos pelearon muy bien, pero su preparación no era buena"  

Gran Bretaña ganó la guerra no sólo por su amplia superioridad de fuerza militar. Fue decisiva su capacidad de reaccionar con rapidez y adaptarse para responder a un conflicto que estaba fuera de sus planes.

María Laura Avignolo

mlavignolo@clarin.com 

En los días de la guerra de las Malvinas, el general británico Julian Thompson tenía una ilusión gastronómica: un stilton, ese fuerte queso tradicional británico que se paladea con una cuchara y traía, a su pedido, el general Jeremy Moore en su mochila en el crucero "Queen Elizabeth".  

El stilton llegó y sólo duró una noche. Lo compartió —por asalto— con los soldados que rodeaban su carpa para compensar sus desabridas raciones de guerra. 

Como comandante de la Tercera Brigada de Comando, este royal marine estuvo a cargo del desembarco en San Carlos y la operación terrestre en la guerra mientras el comandante Jeremy Moore lidiaba con los jefes del conflicto en Londres y firmaba la rendición junto al general Mario Menéndez.  

Para sus oficiales, soldados e historiadores, fue en realidad Thompson el verdadero líder de la guerra. 

¿Usted cree que Londres alguna vez imaginó el desafío que implicaba ganar para ellos la batalla de las islas? 

—Creo que nunca imaginaron la enormidad, pero sabían que era muy difícil. No había planes. Y reaccionaron bien. Una de las grandes sorpresas para ellos fue el terreno en las Malvinas. "¿Por qué estos muchachos tardan tanto en avanzar?" Nunca lo imaginaron. Era irritante que no lo entendieran a veces. No había rutas. 

¿Usted tuvo que empezar de cero la operación? 

—Completamente. Lo que hicimos fue agarrar los planes para ir a Noruega si se producía una invasión soviética y usar eso como un marco, que rápidamente se volvió absolutamente irrelevante. Pero fue importante para hacer la lista de "shopping" que necesitábamos. Nunca habíamos considerado a Argentina un enemigo y no teníamos recursos para ello ni los espiábamos.

En sus declaraciones, usted nunca ha sido despectivo con el enemigo. ¿Cuál es su filosofía frente a ellos? 

—Yo estaba determinado a que ninguno de mis hombres subestimara a los argentinos. Cuando yo escuché a los miembros del Parlamento denigrarlos, me sentí muy triste. No es la forma de acercarse a una guerra. Hay que respetar al enemigo y eso es lo que les enseñé a mis tropas. Yo peleo limpiamente, no los odio jamás. 

Su libro se llama "No picnic" ¿No fue una guerra fácil? 

—No fue un picnic. Los argentinos pelearon muy bien y hubo momentos en que podría haber pasado lo contrario de lo que pasó. El principal error es que ellos nunca creyeron que llegaríamos a las islas, ni siquiera cuando llegamos a las Georgias. Y la preparación no era buena. Los soldados no tenían entrenamiento y no usaron esas seis semanas, que es mucho, para practicar contraataques y volver las defensas impenetrables. No usaron bien el tiempo. Se podrían haber defendido mejor. Pero ellos se comportaron bien, excepto pequeños detalles. No hubo guerra sucia. 

¿Usted pensó en algún momento que podía perder la guerra? 

—No. Pero lo que me preocupaba era la Fuerza Aérea. Antes de desembarcar, pensé que nos pegarían, con muchas bajas. No sé cómo lo hicimos. 

¿Usted creía verdaderamente que los militares argentinos contaban con suficiente armamento para hacer una guerra contra ustedes? 

—Sí. Tenían más helicópteros que nosotros, más tropas, sus equipos eran similares a los nuestros, tenían mejores botas que nosotros, mejores ropas y mejores raciones que nosotros. 

¿Por qué entonces ustedes ganaron? 

—Porque nosotros éramos un ejercito profesional, muy bien entrenado, capaz de caminar bajo condiciones muy difíciles, especialmente a la noche, y cuando todo es caótico. La guerra es caos y el que la gana es el que puede resolver el caos primero. Y nosotros fuimos mejores en ese aspecto. 

¿Por qué usted usó San Carlos como lugar de desembarco? 

—Por una serie de razones: la primera, que más allá del clima, podíamos desembarcar. Era un buen lugar de defensa rodeado de cerros y era difícil para atacar desde el aire y a los submarinos les costaría entrar. Los Exocet no podrían ser usados allí. Era lo suficientemente lejos de Port Stanley como para que el Ejército argentino se moviera en la batalla. Fue una sorpresa para nosotros que no estuvieran los argentinos allí. Era claro que el Ejército y la Marina nunca hablaron entre ellos: le deberían haber preguntado dónde desembarcarían ellos, pero se odiaban. Y pensaron en lugares donde ellos, argentinos, desembarcarían sin considerar dónde el enemigo podría desembarcar. Un gran error. Imaginamos que ellos harían eso y por eso elegimos el lugar. 

¿Cómo fue afectada su estrategia por el hundimiento del "Atlantic Conveyor"? 

—Inmensamente. Nos hundieron todos los helicópteros Chinook de transporte de tropas excepto uno, que nos hizo una enorme diferencia para el transporte. Nos forzó a llevar tropas por mar y así atacaron el "Sir Galahad". Fue una enorme pérdida. 

¿Cómo maneja usted su duelo personal en la guerra, su sufrimiento? 

—Uno se pone una armadura mental y bloquea el corazón. Usted tiene que hacerlo. El duelo viene después. No hace bien a nadie que uno demuestre que está triste porque está en el medio de la guerra. Después, uno comparte una lágrima. Cuando yo fui al cementerio de San Carlos, quedé reducido a lágrimas. 

¿Por qué el general Jeremy Moore llegó tan tarde al teatro de operaciones? 

—El fue en el crucero "Queen Elizabeth II" porque se quedó en el cuartel general. Tenía una radio especial colocada para comunicarnos que se rompió. No pudo hablar con nadie, era como ir realmente en un crucero de turismo, porque todo el mundo podía escuchar su conversación. 

¿Su relación tan difícil con su cuartel general fue porque hubo un choque de personalidades, porque había otra guerra en Londres? 

—Porque yo me sentía aislado. Porque el gran error en esta operación fue no tener un comando general sobre todas las fuerzas, a cargo de todos, en el sur. El control estaba en Gran Bretaña a 8.000 millas. Lo que se debería haber hecho es poner un oficial de tres estrellas sobre mí, sobre Sandy Woodward, sobre todos. Nosotros creíamos que ellos no sabían lo que estaba pasando. 

¿Y con el general Moore? 

—A mí me gusta Moore.Yo me llevé bien con él. 

El problema es que cuando uno habla con los soldados, con los oficiales, el verdadero líder de la guerra era usted, no Moore. 

—Ah. Probablemente me vieron más a mí, mi brigada era muy leal a mí. Jeremy Moore hizo un muy buen trabajo. Su principal habilidad era lidiar con esos muchachos de allá, del cuartel general, y que no presionaran nuestra espalda. Yo no soy muy tolerante. 

Usted dijo que las batallas de Longdon y de Harriet fueron las más brutales. ¿Esperaba tal resistencia? 

—Sí, absolutamente. Longdon fue la más duramente peleada y Harriet fue la más inteligente de parte de los británicos. Había muchos enemigos a enfrentar y pelearon bien y duramente. Yo esperaba que las batallas fueran tan duras como fueron, nunca pensé que iba a ser fácil. 

¿Si usted tuviera que elegir entre quienes dieron una buena batalla en la guerra, quiénes serían? 

—La Infantería de Marina argentina peleó la mejor batalla contra los guardias escoceses. Todos saben que fueron los más duros enemigos. 

A medida que ustedes avanzaban, los soldados argentinos se retiraron. ¿Eso lo sorprendió? 

—Sí. Porque ellos habían sido psicológicamente derrotados desde la caída de Tumbledown y estaban en una trampa. 

Hubo denuncias de abusos británicos, con orejas cortadas en Longdon. ¿Eso fue cierto? 

—Eso no es una tradición en el Ejército británico. Ocasionalmente uno tiene gente salvaje en cualquier ejército, que pueden cometer delitos. Yo escuché historias. La persona que lo habría hecho fue muerta en la guerra de todas maneras. Entonces no sabremos si fue cierto o no. 

En esta operación del SAS que terminó en Chile, ¿qué pasó realmente? 

—Yo no sé exactamente. Esta operación fue montada desde Londres. Ellos la organizaron y mandaron a los SAS directamente desde Inglaterra a la Task Force para la misión. La idea era que penetraran el sur de Argentina y volaran las bases. Ellos tuvieron la navegación equivocada, aterrizaron en Chile, quemaron el helicóptero y partieron a Chile. La misión había salido desde el "Invencible". 

¿Cuál fue la real cooperación con Chile? 

—La cooperación chilena fue especialmente mantener al Ejército argentino ocupado haciendo ruidos en la frontera. Ellos no proveyeron asistencia material, que yo sepa. Los americanos proveyeron varias cosas: misiles Side Wind, combustible, inteligencia y movieron sus satélites para volar so bre las islas con bastante poco éxito. No tuvimos ni una sola buena fotografía aérea. 

Veinticinco años después, ¿tuvo sentido pelear esta guerra? 

—Sí, lo creo. En primer lugar, los isleños no quieren ser argentinos. Prefieren, la mayoría, ser parte de Gran Bretaña. Creo que la guerra eyectó a la Junta del poder y devolvió la democracia a la Argentina. Y lo notable es que la OTAN fue mucho mas útil de lo que ellos percibían. Eso está documentado en papeles públicos. 

¿Puede ser posible una nueva invasión? 

—Oh, sí. Estamos preparados para ello.

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