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A 24 AÑOS DE LA GESTA DE MALVINAS

Crece la horrenda cifra de suicidios de veteranos

En menos de 2 meses se inmolaron 8 más

31/III/06                                                            

         En la mañana del 2 de abril de 1982, en 2 días más hará 24 años, que los argentinos nos emocionábamos hasta lo más profundo de nuestro ser, al enterarnos que la bandera azul y blanca volvía a ondear en las criollas Islas Malvinas. Eran una parte del territorio nacional, sobre el cual se recuperaba la plena soberanía. Nos habían sido arrebatadas a sangre y fuego, por la fuerza bruta, en 1833, por el soberbio Imperio Británico. Hasta los argentinos exiliados en el exterior, contrarios al gobierno militar, salieron a manifestar su alegría y apoyo. Un consenso nunca visto.

Los gobiernos de países colonialistas europeos más Estados Unidos comenzaron a volcarse –abierta o solapadamente– a favor de los viejos usurpadores. Esa es la moral y el sentido de la tan reclamada “seguridad jurídica” de las multinacionales, las principales promotoras de las guerras, porque la sangre de los  soldados no se cotiza en bolsa.

         Esa actitud ruin de los estados pro coloniales, no impidió que sus respectivos pueblos se expresaran en las calles a favor de nuestro país. Ninguna manifestación se registró, ni siquiera en la propia Gran Bretaña, en contra de nosotros, cuando si se realizaban casi cotidianamente otras, a veces multitudinarias, adversas al conflicto, al envío de la flota colonial inglesa al Atlántico Sur con armas atómicas y contra el colonialismo.

Los londinenses en particular, incluso no pocos  intelectuales y artistas de renombre, mismo parlamentarios conservadores, laboristas y liberales y miembros de la nobleza, se pusieron públicamente de nuestro lado, como lo hicieron las organizaciones gremiales y de estudiantes.

 El imperiodismo fracasó en sus esfuerzos por crear un clima bélico en la población británica. Pero en los barrios populares o no, donde pese a criticar el carácter dictatorial de nuestro gobierno, en varias oportunidades llegaron a quemarse banderas inglesas, pero argentinas nunca.

El papel argentino

         El enemigo multinacional utilizó las últimas tecnologías de muerte, mientras la flota de su majestad llevaba armas atómicas dispuestas a usarlas. Solo estaba en discusión si comenzar a arrojar una sobre Buenos Aires o sobre Córdoba. Por primera vez en la historia, un submarino nuclear hundía –y a traición- al glorioso crucero Belgrano.

         Allí, en ese marco bélico sin precedentes, el coraje criollo escribió páginas de gloria peleando prácticamente contra casi todos los gobiernos del mundo, las Naciones Unidas, la OEA, la OTAN, el Mercado Común  (hoy Unión Europea), etc. Pero sangre gaucha quedó como semilla en ese suelo que, algún día, no tenemos la menor duda, florecerá en libertad.

         Ante la agresión, pese a la superioridad de poder de fuego del enemigo, los argentinos conquistaron la admiración mundial por su valor, dejando sus vidas en las frías aguas del Atlántico Sur y en la tierra mezcla de montañas y pantanos.

         La gesta de Malvinas no tuvo nada desdoroso por parte de los argentinos combatientes por aire, mar y tierra. El coraje de enfrentar a tantas fuerzas del dinero y las armas, nos ganó la admiración generalizada de los humildes pueblos explotados por doquier. El nombre de las islas, hasta entonces desconocidas, porque lo robado se esconde, recorrió el globo como ejemplo de cómo se defiende una patria frente al colonialismo que, política o económicamente, imponen la explotación de los pueblos.

La desmalvinización

         La nación está en deuda con los patriotas criollos que lucharon allí, tanto con cuantos descansan en tierras y aguas propias como los que volvieron. Tienen la impresión que gobernantes e intelectuales los olvidan y tratan de distraer la atención con banalidades. No quieren ver la herida abierta que sigue sangrando en el dolor de las madres y otros familiares que comparten el orgullo de la gloria de la gesta de Malvinas.

         Algo vergonzante flota como una mancha. ¡Indignante! Algunos intereses buscan eludir y ocultar la heroica epopeya de 1982: ¿se trata de desmalvinizar las conciencias argentinas en lugar de enaltecer su autoestima patriótica? Cuantos homenajes se han rendido a los caídos y los sobrevivientes, lisiados o no, han provenido del pueblo común.

          La  Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas se ha debido organizar por su cuenta, recurriendo a la generosidad y comprensión patriótica de ciudadanos no gubernamentales para levantar un grandioso monumento en el cementerio de Darwin. Por su iniciativa se han organizado unos 40 viajes de madres, padres, esposas y hermanos para permitirles arrojar flores en las aguas que recibieron los cuerpos de los marinos o rezar ante las tumbas de sus seres queridos.

         A 24 años de aquella epopeya, lidian por tener un Museo de la Guerra de Malvinas, una biblioteca especializada, un centro de documentación para los investigadores de hoy y del futuro, una editorial, etc. Algo digno y didáctico que recuerde la historia y sea itinerante devolviéndoles la dignidad e identidad y sean ejemplo para los niños y las generaciones venideras.

¿Los evitables suicidios?

         Nadie se ha ocupado oficialmente de hacer un seguimiento de la situación siquiátrica y sicológica de quienes vivieron el horror de las armas modernas del colonialismo sobre jóvenes argentinos. Esta semana el diario “La Nación” difundió declaraciones de Juan José Fernández, Presidente de la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina diciendo que en menos de dos meses, ocho compañeros se han inmolado, llegando ahora la cifra de suicidados a 430 casos ¡monstruoso! Además no hay seguimiento de las Fuerzas Armadas ni equipos médicos especializados para prestarles atención adecuada. ¿Por qué?

Se precisa una Historia Oficial

         La Gran Bretaña ya ha publicado su “Historia Oficial” del conflicto del Atlántico Sur. Es la única obra que pueden consultar los investigadores de hoy y, si no hacemos la nuestra, también será la fuente de los investigadores del futuro. Y ¿en Argentina porqué no se hace?

         Es menester que tanto las Fuerzas Armadas como el Ministerio de Relaciones Exteriores abran sus archivos a los estudiosos. Deben conocerse documentadamente los antecedentes del conflicto. Es necesario, dar y pedir opiniones y documentos de nuestros derechos en Malvinas, de las gestiones gubernamentales ininterrumpidas por su recuperación, de la historia y presente de las islas y trabajos serios sobre sus habitantes actuales y pasados y tendencias demográficas.

          Si vine un turista simpatizante solo podemos mostrarle el cenotafio de Retiro. Ese visitante podrá buscar por lo menos tarjetas postales de las islas hechas durante la guerra y solo encontrará otras representando los grandes edificios de la “patria financiera” o frivolidades de culturas capitalistas importadas.

         En las escuelas primarias, como en las secundarias, y menos aun en las universidades no se ven fotos o mapas que recuerden a las islas. Años atrás, mucho antes del conflicto, en todas las aulas habían, por mérito de las maestritas criollas, letreritos diciendo “las Malvinas son argentinas”. De clases alusivas a la fecha, como de la Resistencia Peronista de 1955 a 1873 no hemos visto ninguna disposición eficiente. Sin embargo, en pueblitos del interior, donde vivió un soldado caído, son los vecinos que han impuesto algún monolito o placa para honrar a un hijo del lugar.

         Desmalvinizar es desnacionalizar, como se acostumbra desde hace mucho con los libros de historia redactados y negociados por las multinacionales de las editoriales, hoy en su   mayoría extranjeras.

         Ahora es un deber patriótico honrar a los muertos y sobrevivientes de la Guerra de Malvinas, a todos y cada uno de ellos, se encuentre donde se encuentre, como a sus  organizaciones privadas, sin fines de lucro, como son la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas y al Instituto Malvinas, ambas con personería jurídica.

         ¡Sin Malvinas argentinas no seremos jamás cabalmente argentinos!

ENRIQUE OLIVA

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