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VETERANOS INGLESES DE MALVINAS TAMBIÉN SE SUICIDAN

 Los británicos tuvieron 256 muertos en la guerra y, hasta mayo del 2002, se habían suicidado 264 ex combatientes

1/XI/04                                                                        

A más de veintidós años del conflicto de Malvinas, las clases dirigentes del país, sus intelectuales y docentes, como los medios de difusión y muchos ciudadanos, poco y nada reflexionan sobre este hecho histórico inconcluso. Parece quererse tender un manto de olvido como si de ello no pueda hablarse. Se está creando así una especie de complejo de inferioridad ante una derrota parcial a la cual se desearía restarle importancia. Cuando un veterano de ese conflicto, con toda la carga de lo padecido, quiere tocar el tema ante personas mayores, advierte de inmediato la sensación estar intentando incorporar a la conversación, algo molesto. Eso no ocurre en los jóvenes y muy especialmente entre los niños y adolescentes. Es que todavía quedan maestritas criollas que suelen recordar tercamente que “las Malvinas son argentinas”.

La indiferencia no es casual, sino más bien parece orquestada contra cuanto  traiga a la memoria aquella "derrota". Se tiende así a desmerecer un valor inseparable de nuestra identidad nacional. Hoy los veteranos de Malvinas sobrellevan un pesar inocultable, sufriendo la sensación de que la sociedad los rechaza, como algo indigerible. Quienes vivieron aquellos 72 días de angustias, carencias y soledad, donde todos eran agredidos hasta por el clima, no pueden dejar de pensar en los compañeros muertos y lisiados, viendo cuestionados los fervores patrióticos que los animaban en las trincheras.

  Valoran que combatieron contra todos los gobiernos de las grandes potencias del mundo que apoyaron política y materialmente al enemigo colonialista que tiene en su haber más guerras de agresión que cualquier nación contemporánea y aun de la historia. Saben asimismo que, a pesar de las actitudes tomadas por los mandatarios. En cambio los pueblos de la tierra se mostraron favorables a los argentinos.

Deben tenerse en cuenta también a los familiares de caídos, que perdieron un ser o a otros que retornaron lisiados, con traumas imborrables. Asimismo debe pensarse en los hoy mayores, que de niños les faltó el amor y la protección paterna.

No hay explicación alguna para los familiares de los entre 200 y 350 veteranos de Malvinas que en los últimos años se han suicidado. No existe una estadística oficial que precise el número de esos soldados autoeliminados. ¿Por qué? Porque sucesivos gobiernos, si bien algunos se han ocupado en darles ayudas monetarias mínimas, ha faltado un soporte y seguimiento síquico adecuado para las pesadillas que acosan sus mentes.

Nosotros, los argentinos, no podemos abandonarlos a su suerte sistemáticamente. Debemos brindarles una asistencia colectiva y personalizada, honrándolos como se merecen, para levantarles su autoestima, en especial cuando puedan precisar atención síquica y, en algunos casos, extendida a sus familiares.

Es sabido que cuando a un personaje con las más altas responsabilidades, le recordaron los caídos en el Atlántico Sur, a modo de consuelo dijo que “más personas mueren anualmente en accidentes de tránsito”. Toda una  odiosa y ofensiva comparación.

Veteranos ingleses suicidados

  Según un estudio publicado por la revista Canadian Medical Association Journal, del 28 de mayo del 2002 (no disponemos de estadísticas más recientes) de la que se hizo eco el mensuario "El Soldado", de nuestro ejército argentino, se afirma: "En Malvinas, los británicos tuvieron 256 muertos y desde entones se han suicidado 264 ex combatientes". El artículo, se titula “Guerre des Malouines: le stress post-traumatique”. (Malouines es el nombre que le dan los franceses a Malvinas, proveniente de los marinos galos del puerto de Saint Maló que tocaron las islas en el viaje alrededor del mundo del navegante  Louis Antoine  de Bougainville a mediados del Siglo XVIII).       

Otros 250 veteranos ingleses de Malvinas, han reclamado vía judicial al Ministerio de Defensa “por no haber dado tratamiento adecuado a su estrés postraumático, a quienes se unen 1.600 que lucharon en Bosnia e Irlanda...Y no se quejan de vicio”.

La citada nota dice también: "la tasa de suicidios es asimismo muy alta entre los veteranos de la Guerra del Golfo" de 1991. Y da una explicación atendible: "Una vez que dejan el ejército muchos veteranos tienen dificultades para encontrar siquiatras adecuados, porque los profesionales civiles difícilmente entienden las condiciones del combate". De una acción judicial planteada por un ex combatiente, la autora cita al mayor general (GD) Robin Short, atestiguando que el demandante “no recibió apoyo de sus superiores cuando trató que se interesaran en el estrés pos-traumático en 1991, y piensa que los soldados británicos que están en Afganistán van a tener una experiencia similar”. Y poco después vino la invasión de Iraq, donde los ataques de la resistencia ya producen más muertos que la guerra.

Pero volvamos a la nota ya citada. Allí, la autora comenta: “Uno piensa que, o bien nos han faltado datos de otros países y otras campañas, o este fenómeno es nuevo, al menos en esta proporción monstruosa de más de un suicida por cada muerto en combate. Con semejante ratio, después  de la Segunda Guerra Mundial hubieran debido producirse  auténticas hecatombes de varones jóvenes, lo que no fue el caso”. Y concluye: “Un buen tema para nuestros investigadores, antes de que nos pase lo mismo”.

Ejemplos de Francia y Estados Unidos

Países acostumbrados a tener colonias y combatir para sostenerlas, como Francia y Estados Unidos, también han tenido experiencias similares por los desarreglos síquicos de sus veteranos derrotados en especial en Argelia y Vietnam, respectivamente, tema que se trata de eludir. En ambos países demoraron muchos años en darse cuenta del fenómeno y sus veteranos han padecido consecuencias tales como el caer en las drogas y de allí pasar a la delincuencia para lograrla. El hijo del ex presidente yanqui Franklin Delano Roosevelt, luego de visitar Vietnam en plena guerra, declaró que el estrés soportado por los combatientes en ese conflicto, donde eran acosados por sorpresas mortales, hacía que ocho de cada diez le confesaran drogarse habitualmente.

En Francia, quizás para consolar a los sobrevivientes veteranos de guerras coloniales en África y el Sudeste de Asia, recientemente los declararon a todos sin excepción “héroes de Francia”, sin excluir a Jacques Chirac, hoy presidente de esa república y ex teniente durante la Guerra de Liberación de los argelinos. Paralelamente, el gobierno se niega a entregar a tribunales a acusados de imprescriptibles "crímenes contra la humanidad" cometidos en sus colonias.

ENRIQUE OLIVA

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